Esta función se enmarca dentro de los distintos retos a los cuales debe responder un líder de TI todos los días: desde las funciones más básicas inherentes a su cargo –como la supervisión de la infraestructura tecnológica- hasta los siempre complejos procesos que permiten interrelacionar su unidad altamente técnica y especializada con el resto de la organización.
Por eso, independientemente de su experiencia y dominio de conocimientos y destrezas específicas, es importante que el gerente de tecnología nunca olvide un checklist o lista de evaluación a las diferentes propuestas de soluciones que sin duda recibirá.
Comenzar por el principio: la pregunta fundamental
El grupo de venta, conformado casi siempre por un miembro del equipo comercial de la compañía y otro propiamente técnico, terminan una vistosa presentación, generalmente en Powerpoint o Flash , y ofrecen, como es de esperarse, todas las ventajas de su herramienta, incluso realizando convincentes comparaciones con soluciones similares de empresas competidoras.
La primera pregunta que debe hacerse el gerente de TI es la misma que debe hacerse una persona frente a un vendedor de cualquier artículo presumiblemente lujoso: ¿realmente es de utilidad para el negocio?
Es importante recordar que se pueden hacer compras de tecnología con base en las expectativas de crecimiento del negocio, siempre y cuando éstas sean realistas. Complicados equipos de seguridad para redes inalámbricas muy probablemente tendrán poco uso en una compañía consultora de escasos empleados y con un radio de acción particularmente cercano a su sede principal y única.
Evitar dolores de cabeza: la letra pequeña de las compras
Una vez verificada la utilidad y aplicabilidad de la solución para la empresa, llega el momento de lidiar con aspectos fundamentales en el proceso: la letra pequeña de la compra, esos detalles mínimos que vienen añadidos con la implantación de la herramienta.
Existen muchos factores a considerar en este sentido, los cuales varían dependiendo de la herramienta y su relación directa con los procesos e informaciones más sensibles de la organización, sin embargo, hay algunos que son fácilmente generalizables.
En primer lugar, el impacto directo que el proceso de implementación en las operaciones debe ser solicitado de manera explícita por parte del líder de TI y quedar claramente establecido en el contrato de compra-venta. La norma debe ser impactar en la menor forma posible la continuidad del negocio.
Luego, es necesario establecer los costos asociados a la compra de la solución: ¿se requerirá más personal? ¿Horas de consultoría especializada? ¿Actualizaciones en la infraestructura tecnológica? ¿Cuál es la experiencia de empresas similares con la solución? Estas son apenas cuatro de las preguntas que deben analizarse cuidadosamente antes de tomar la decisión.
La post-venta: el monitoreo de los resultados
Finalmente, uno de los aspectos de especial importancia a considerar es la existencia o no de parámetros claros que permitan evaluar la efectividad de la solución.
Puede que la herramienta misma incluya sus propios parámetros o existe la posibilidad de que los consultores de la empresa vendedora puedan crear parámetros ad hoc para poder asegurar que ha existido realmente una mejora en el negocio o permite orientar hacia los focos que presentan problemas para tomar las acciones necesarias que subsane la falla.
De cualquier manera, es importante que el equipo de tecnología de la empresa compradora se involucre: por más tentadora que sea la posibilidad de contar con una “caja negra” de mínimo mantenimiento, siempre es mejor conocer cada uno de los equipos que permiten el desenvolvimiento de las operaciones, desde el momento antes de su compra. |