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Asegurando la continuidad del negocio

Después del 11-S las empresas han incorporado planes de continuidad del negocio mucho más sofisticados. La tendencia corporativa es la de no sólo minimizar los desastres informáticos sino la de unir esfuerzos en pro de asegurar la permanencia en el mercado global

Por Jennifer Castro, de Contenidointeligente

La continuidad de negocio se define como la capacidad de las empresas de continuar operando después de un suceso catastrófico, no esperado. Este evento puede incidir directamente en su quehacer económico y su rentabilidad.



  

El concepto viene a reemplazar lo que a principios de los 90 se conocía como ‘recuperación ante desastres’, pues si antes se necesitaba un centro de respaldo que en 72 horas recuperara los sistemas de información; hoy en día la dinámica corporativa exige todo un plan que recobre la disponibilidad informativa en el menor tiempo posible.

Richard Ramírez, consultor en el área de System Management, Seguridad y Continuidad de negocios de IBM de Venezuela, explica que muchas de las operaciones SOS tienen que ver con cuál es la cadena de valores que hay en una corporación y cómo esa estructura valorativa es afectada por elementos tecnológicos, de proceso y de recurso humano.

El especialista añade: “de los escenarios de contingencia se van a crear los planes de continuidad de negocios que no son más que la manera cómo la organización responde ante los desastres y su facultad para operar independientemente de éstos”.

Un estudio realizado, a finales de 2005, por la revista Fortune revela que 75% de corporaciones tienen al menos una parada al año de sus procesos y que sólo 45% de ellas tienen implantado un BCP (Business Continuity Plan). Con porcentajes menores se encuentran aquéllas con una alta efectividad en la continuidad.

La efectividad del plan de negocios de una empresa se consigue sólo si se cumple el tiempo que requiere para funcionar sin toda su estructura operativa y si los procesos que son vitales para la compañía están salvaguardados.

Ramírez explica que al BCP se le deben practicar dos pruebas al año y una cada vez que cambien las decisiones en los procesos. “Cualquier BCP deja de tener efectividad si no se prueba; debe marchar de acuerdo a las premisas establecidas. Si esto funciona, el plan funciona”.

Valor de la inversión

El factor de competitividad es una realidad de la que ninguna empresa puede escapar y justo en ello se invierten grandes sumas de dinero que permiten garantizar la rentabilidad del negocio. Dentro de esas inversiones se encuentra el diseño y puesta en marcha de un BCP.

Para el experto de IBM determinar el costo que representa para una compañía las estrategias de contingencia, depende de varios factores que van desde el tamaño de la empresa hasta los procesos críticos que se desean proteger. En definitiva, obedece al costo de parada y dicho costo depende de la actividad de cada empresa.

“Esto también implica el tiempo que puede tardar determinada sociedad en recobrar su actividad comercial. Este lapso se mide en pérdidas y son decisiones que la alta gerencia debe considerar”, añade Ramírez.

Un dato de IDC (división de IDG- International Data Group-) líder mundial en medios de comunicación de TI, investigación y exposiciones, apunta que el gasto en seguridad informática y BCP en 2007 superará los 110 millones de dólares.

Más allá de los alcances financieros que puede acarrear la paralización de su actividad económica, las corporaciones deben tomar en cuenta las multas de mercado a las que pueden exponerse y el consecuente impacto en su imagen institucional.

Flexibilización y sensibilidad informativa

En los estándares de hoy en día, ISO 10799, hay una serie de elementos de seguridad que son exigidos como la implantación de un BCP, la cual se fundamenta en tres unidades: la disponibilidad, la integridad y la confidencialidad de la información.

En la opinión de Richard Ramírez en el momento de diseñar un plan de continuidad la información debe clasificarse de forma tal que puedan conocerse cuáles son definidas como confidenciales y quiénes son las personas autorizadas para manipularlas.

Se trata de preservar el dato de una misma manera, pues no puede ser alterado. En el caso de la banca, por ejemplo, los datos de las cuentas de ahorro de los clientes deben conservarse independientemente del tipo de transacciones que los ahorristas realicen o incluso de las entidades desde donde las hagan.

Las organizaciones deben entender que el manejo de información privada de sus clientes es delicado. Y deben manejarse con todos los cuidados del caso. Ramírez concluye: “70% de los problemas de seguridad, según Gartner, son problemas internos, de gente que sabe, que conoce y que puede hacer daño. Lo peor que le puede pasar a una empresa es un empleado descontento, con conocimiento y con causa”.

 
 


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