Sin embargo, la R.S.E. va mucho más allá de un simple donativo; incluso podría considerarse que, aplicada a cabalidad, se trata de la punta del iceberg de una revolución en el modo de pensar la relación de la organización y su entorno. Por ello se hace necesario familiarizarnos con el concepto y sus implicaciones, de manera de entender mejor este fenómeno y tratar de compenetrarnos con el mismo.
¿A qué llamamos R.S.E?
De manera preliminar, es necesario aclarar que no existe una definición universalmente aceptada sobre la Responsabilidad Social Empresarial. Sin embargo, reuniones de alto nivel, como el Foro de Expertos en R.S.E celebrado en España en 2005, han recopilado algunos de los rasgos fundamentales.
La R.S.E supone, de acuerdo con el documento del Foro de Expertos, “además del cumplimiento estricto de las obligaciones legales vigentes, la integración voluntaria en su gobierno y gestión, en su estrategia, políticas y procedimientos, de las preocupaciones sociales, laborales, medioambientales y de respeto a los derechos humanos que surgen de la relación y el diálogo transparentes con sus grupos de interés, responsabilizándose así de las consecuencias y los impactos que se derivan de sus acciones.”
De esta manera, se rompe de manera radical con un paradigma mercantilista de la acción empresarial: cada organización no es una beneficiaria pasiva de su medio ambiente en su ambición por generar los más altos beneficios, sino un ciudadano más con una cuota importante de derechos y obligaciones.
Pero, tal vez, el rasgo más importante es que la organización se enriquece en este proceso y, verdaderamente, agrega valor para sus accionistas, sus empleados y la comunidad en la cual se desenvuelve.
¿Elección u obligación?
La R.S.E., en esencia, no puede ser impuesta sino que debe surgir de la convicción de los líderes de las organizaciones, por lo que termina siendo, una cuestión de elección.
No obstante, al observarse problemas tan apremiantes en el mundo actual como el calentamiento global, la extinción de especies animales o botánicas, las brechas entre la pobreza y riqueza en algunos lugares del mundo, todas amenazas para el normal desenvolvimiento de la vida en el planeta, aparece la interrogante sobre el papel de las organizaciones.
La R.S.E. se convierte entonces en un tema sensible, ya que su aplicación podría determinar no una organización sustentable de manera individual sino la sustentabilidad y viabilidad del mundo entero de cara a los retos que enfrenta la humanidad para los próximos años.
El camino hacia la R.S.E.
En primer lugar, es necesario que la organización comprenda por qué el desarrollo sustentable es el camino para asegurar la viabilidad de la empresa, la comunidad y el planeta en general.
Una vez asumida esta importancia, es necesario que nazca en los líderes de la organización un genuino deseo de contribuir conscientemente a dar respuesta a las inquietudes propias del enfoque.
Y, finalmente, el camino es la acción: un amplio set de políticas, prácticas y programas integrados en la operación empresarial para comenzar la andadura en este camino de la R.S.E.
Los puntos para comenzar son muchos y las organizaciones tienen la ventaja de poder abrirles las puertas a sus miembros para que sean ellos los agentes de R.S.E. al motivarlos para que dediquen parte de su tiempo a labores voluntarias en beneficio de la comunidad.
Sin duda alguna, los aportes y su ejecución dependerán del tipo de organización y de su dimensión, sin embargo, nadie debe autoexcluirse de esta visión de los negocios que incorpora y resalta el respeto por los valores éticos, las personas, las comunidades y el medio ambiente. |