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La tecnología en la sociedad del conocimiento

A partir de la revolución industrial, la escalada tecnológica ha permitido al hombre y sus organizaciones alcanzar metas que previamente lucían imposibles. Sin embargo, el tránsito hacia la llamada sociedad del conocimiento ha ido modificando el valor y el uso de la tecnología.

Por Jesús Nieves Montero

Es desde ese momento en el que comienza el verdadero debate para contextualizar la tecnología que utilizamos de manera cotidiana en cualquier situación: los teléfonos móviles, las computadoras y cualquier otro dispositivo, nos permiten realizar algunas tareas en tiempos impensados apenas décadas atrás.

  

De esta forma se hace indispensable adentrarse en las categorías relacionadas con la sociedad industrial, la sociedad de la informaciòn y la sociedad del conocimiento.

El salto a la información

Fue en la década de los setenta del siglo pasado cuando se comienza a hablar de la "sociedad de la información". Aparece la información como la mágica poción, el eslogan de "la información es poder" vino a apuntalar toda una serie de cambios que iban a configurar nuevas pautas sociales, motivadas por el auge del sector servicios.

Las organizaciones necesitaban un perfil de profesionales que entiendan este poder de la información y cada vez más las grandes máquinas industriales fueron haciéndose prescindibles para ceder los recursos que en ella se invertían a esta nueva manera de entender del mundo de los negocios.

El reto actual: la creación del conocimiento

Todo comienza por la comprensión de un hecho fundamental: el conocimiento es dinámico y diferente de los datos y de la información. La información es un medio para la comunicación explícita mientras que el conocimiento puede ser tácito o explícito. La información de este modo sería conocimiento hecho explícito.

El conocimiento que se aprende de otro, no abandona al emisor, pero se añade al conocimiento del receptor. El conocimiento, además, puede compartirse, convirtiéndose en un “doble conocimiento”.

Incluso los procesos de creación de valor en las organizaciones tienen que cambiar necesariamente. Ya no se pasa de una materia prima hasta un producto elaborado sino que se necesita más: una transferencia de conocimientos conjuntamente con sus clientes, en una interacción de doble sentido, un valor que queda por otra parte como activo intangible dentro de la organización.

Por todo ello, el conocimiento se muestra como el fundamento básico en la creación de valor de la empresa del siglo XXI. Parece necesaria una gestión específica del mismo, para satisfacer las necesidades y objetivos institucionales.

Y en ese sentido, al hablar de tecnología, ya la organización no puede sentirse satisfecha con apilar cajas y dispositivos si éstos no son capaces de generar conocimiento que pueda ser transferible. De hecho, en situaciones tales como el outsourcing, cada vez se hace más deseable que estas transferencias tengan lugar como una forma de incrementar el valor.

Esta es la realidad del mundo actual de los negocios, la razón por la que cada vez más profesionales aparentemente ajenos al mundo corporativo como filósofos, además de sicólogos y periodistas, comienzan a tener una voz diferenciada al momento de tomar grandes decisiones.

En la sociedad del conocimiento todos los saberes suman y las certezas que aportaban la tenencia de grandes máquinas son sustituidas por la incertidumbre provocativa y potente de las permanentes transferencias de este nuevo activo.
 
 


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