Sin embargo, diferentes circunstancias obligan a tomar decisiones apresuradas al respecto, por lo que se van adquiriendo nuevos elementos que engrosan la lista de la infraestructura, generando un crecimiento sin control de las instalaciones que, habitualmente, supone su subutilización.
Llegado este punto, surge inevitablemente la reflexión: ¿para qué sirva toda esto? ¿Cuál es la mejor manera de aprovecharla?
Conocer la organización
Cuando la cantidad de equipos y dispositivos es abrumadora puede ocurrir que ya no se tenga una idea clara de todos ellos, por lo que se necesita elaborar un perfil para descubrir desde qué punto se parte.
En primer lugar, será necesario asignar a un equipo de expertos internos o externos para realizar una valoración de la infraestructura, los procesos actuales de la organización y el alcance de las herramientas tecnológicas para incidir en dichos procesos.
De manera paralela se desarrollan estudios en relación al contexto empresarial de la organización y a las mejores prácticas en el rubro o actividad económica que desempeña, de manera de asegurar que se cuenta con las competencias necesarias para estar acorde con el entorno competitivo.
El parámetro que puede considerarse un verdadero termómetro es la rentabilidad de los equipos que posee la organización: al analizar la relación que existe entre el costo y el rendimiento que se obtiene, se puede tener una fotografía precisa de la situación.
Estos estudios alimentarán de manera directa un conjunto de decisiones estratégicas que serán la punta de lanza del manejo de la infraestructura: podrán detectarse nuevos usos para equipos actuales o se recomendarán programas graduales o radicales de renovación de TI que impulsen las fortalezas de la organización.
Los cambios necesarios
Una vez que los líderes TI de la organización cuentan con la data de los estudios, llega el momento de implementar medidas puntuales para retomar el camino y asegurar el mayor aprovechamiento de la infraestructura.
En primer lugar, dado que ya para este momento se han recabado necesidades específicas de la organización, es el momento de crear un plan estratégico de TI, el cual debe partir de un amplio debate entre todos los miembros del equipo de trabajo.
De igual manera se debe intervenir en aquellas áreas donde son necesarios cambios para mejorar la productividad: equipos como, por ejemplo, los servidores, pueden estar utilizados en proporciones de entre 10 y 20%, lo cual es una clara muestra de desaprovechamiento de recursos.
Finalmente, será necesario realizar exhaustivos análisis sobre la rentabilidad de nuevas soluciones tecnológicas para asegurar la rentabilidad de las mismas antes de su adquisición.
La infraestructura y el contexto económico actual
Una serie de factores intervienen actualmente para que el panorama de la economía mundial luzca complicado. Sin embargo, esto simplemente incrementa la presión sobre las organizaciones para poder soportar los embates y asegurar la permanencia del negocio.
En este sentido, la disponibilidad de todos los servicios TI de una organización en niveles cercanos al 100% es uno de los pocos factores que pueden ayudar a sobrellevar esta situación y, de hecho, en los casos más exitosos, pueden asegurar el crecimiento del negocio.
De esta forma, la inversión en tecnología será, sin lugar a dudas, uno de los focos estratégicos y no simplemente un gasto superfluo.
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